Rumanía: Ayer, hoy, mañana: nuestro camino a través de la gracia de Dios y Marie Poussepin

Rumania, 13/02/2026, Raluca Maria Fichiduț.- La vida cristiana no es una simple sucesión de días, sino un diálogo continuo con el Creador. Al observar el calendario de nuestras vidas, nos damos cuenta de que cada etapa —pasada, presente y futura— está revestida del cuidado paternal de Dios y de la herencia que nos dejó nuestra Madre fundadora, Marie Poussepin, hace 330 años.

Ayer: Promesa por un año
Maria Petrișor y Raluca Maria Fichiduț, dos laicas, dieron el valiente paso de ingresar oficialmente en la Orden, realizando su promesa por un período de un año. Este gesto representa un tiempo de profundización y vivencia intensa del carisma dominicano, una etapa en la que se comprometen a ser “Luz del Mundo” en sus actividades diarias.

Compromiso definitivo
Gabriela Ghercă y Lucian Dămătăr marcaron el momento culminante al emitir sus votos definitivos. A través de este compromiso para toda la vida, se unieron espiritualmente a la misión de las Hermanas de la Presentación, eligiendo servir a la verdad y a la caridad hasta el final de sus días, convirtiéndose en pilares de oración y acción para la comunidad.

Gratitud y gracia
Toda la celebración fue una oración de agradecimiento, porque Dios «nos creó y nos sostiene cada día». Sentimos cómo las gracias esperadas se derramaban sobre estas cuatro almas, dándoles la fuerza necesaria para convertirse en auténticos testigos del Evangelio.

25/01/2026: Una tarde significativa para la juventud

Hoy nuestra comunidad vivió un momento de especial belleza, dedicado al futuro y a la esperanza. En un mundo que avanza tan rápido, decidimos detenernos y ofrecer un tiempo precioso a cinco jóvenes que atraviesan la hermosa, pero también desafiante, etapa de la adolescencia.

Momentos clave del encuentro
La tarde comenzó bajo la dulce mirada de Jesús, presente en el Santísimo Sacramento. Junto a las cinco jóvenes y con el valioso apoyo de los dos laicos, creamos un espacio de serenidad. Oramos por su camino en la vida, para que la gracia de Dios iluminara sus decisiones y sus corazones permanecieran siempre abiertos al bien. Fue un momento de verdadera “recarga espiritual”, en el que dimos gracias por el don de la vida.

Porque la adolescencia también es energía y sonrisa, continuamos con un momento de juego. “¿Quién pierde el penalti…?” resultó conmovedor y divertido. Estas actividades, preparadas con la ayuda de nuestros laicos, no solo fueron recreativas, sino también una oportunidad para fortalecer la amistad, aprender a colaborar y descubrir que la alegría cristiana es viva y hermosa.

El día concluyó de manera sencilla alrededor de la mesa, compartiendo la cena. La comida se convirtió en una prolongación del altar: un espacio de diálogo cercano y de intercambio sincero. El compartir selló la certeza de que formamos parte de una familia unida, donde cada persona es escuchada y valorada.

Esta tarde fue un claro ejemplo de que acompañar a los jóvenes requiere amor, paciencia y presencia. Agradecemos a los dos laicos que apoyaron esta jornada y oramos para que las gracias recibidas hoy acompañen a estas jóvenes en todo su proceso, ya que hemos previsto reunirnos nuevamente una vez por semana. Les deseamos una semana llena de bendiciones hasta nuestro próximo encuentro.

 

 

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